Laura y la luz del sur

Patricia, la dueña de la casa, de oficio bucanera y residencia permanente en Bolonia, nos indicó el camino. -Dejáis el coche en el último parking, camináis media hora por la playa y cuando paséis Piedra Morena, encontraréis unas piscinas naturales que se forman cuando baja la marea. Buscad piedras de arcilla y exfoliaos la piel con el barro.- nos aconsejó.

No llevábamos comida y el agua se nos calentó por el camino. Pero hicimos todo lo que nos dijo. Laura la bautizó como la playa más bonita donde se había bañado jamás, no había forma de hacerla salir del agua. Yo peleaba con el sol y con un bote de crema factor 50 que tenía que ponerme cada 15 minutos. Pero confieso que allí encontramos una burbuja paradisíaca. Es la primera vez que pasamos unas vacaciones juntas y en verano, nada puede salir mal.

Al volver, nos dimos una ducha bien larga para enfriar las quemaduras del sol y quitarnos los restos de barro. Por el tragaluz entraban los rayos del sol de la tarde mientras Laura se secaba con la toalla y yo me ponía aloe vera en las piernas. Debí ponerme protección solar con más frecuencia.

El verano es la época en la que todos creemos que va a cambiar nuestra suerte. Pasa rápido, es un momento fugaz que huele a final apenas el sol empieza a calentar. Esta foto es la imagen del fin del día, del fin de las vacaciones de verano cuando te deshaces de la sal y la arena con el sol de la tarde.

 

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