Laura y la luz del sur

Patricia, la dueña de la casa, de oficio bucanera y residencia permanente en Bolonia, nos indicó el camino. -Dejáis el coche en el último parking, camináis media hora por la playa y cuando paséis Piedra Morena, encontraréis unas piscinas naturales que se forman cuando baja la marea. Buscad piedras de arcilla y exfoliaos la piel con el barro.- nos aconsejó.

No llevábamos comida y el agua se nos calentó por el camino. Pero hicimos todo lo que nos dijo. Laura la bautizó como la playa más bonita donde se había bañado jamás, no había forma de hacerla salir del agua. Yo peleaba con el sol y con un bote de crema factor 50 que tenía que ponerme cada 15 minutos. Pero confieso que allí encontramos una burbuja paradisíaca. Es la primera vez que pasamos unas vacaciones juntas y en verano, nada puede salir mal.

Al volver, nos dimos una ducha bien larga para enfriar las quemaduras del sol y quitarnos los restos de barro. Por el tragaluz entraban los rayos del sol de la tarde mientras Laura se secaba con la toalla y yo me ponía aloe vera en las piernas. Debí ponerme protección solar con más frecuencia.

El verano es la época en la que todos creemos que va a cambiar nuestra suerte. Pasa rápido, es un momento fugaz que huele a final apenas el sol empieza a calentar. Esta foto es la imagen del fin del día, del fin de las vacaciones de verano cuando te deshaces de la sal y la arena con el sol de la tarde.

 

#extranjera02

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Madrid de noche se me vuelve rara, hacía tiempo que no tomaba fotos desde el pálpito de encontrarme con imágenes que nunca antes había visto. #extranjera no habla del lugar, habla de una mirada hacía un lugar que de momento no se acaba nunca.

ERIKA IRUSTA 85

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Entre el desapego y el arraigo, quiere odiar pero no puede, a veces amar y tampoco, entre sosiego y nervio Erika, eres el paradigma de la ambivalencia y a mí con eso ya me ganas.

Que existen la luz y siete capas de oscuridad tu lo sabes más que nadie porque llenas las habitaciones de luz y puedes estar rotita por dentro, porque puedes abrazar y querer despegarte un millón de kilómetros y porque como me pasa cada vez que te fotografío, haces por esconderte pero siempre te veo desnuda.

Te voy a echar de menos aunque vas a ser parte de esta aventura, lo sé…

AUTORRETRATO TRISTE

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Autorretrato triste

La gente me mira a los ojos y me pregunta cómo estoy. No sabía que era tan transparente, parece ser que demasiado.

La tristeza disminuye el interés por los placeres y diversiones, fija la atención en aquello que la provoca e impone una pausa momentánea que renueva nuestra energía para permitirnos acometer nuevas empresas. Proporciona una suerte de refugio reflexivo frente a los afanes y ocupaciones de la vida cotidiana.” Goleman.

Como un break que nos permite coger aire para continuar. Me cuesta muchísimo estar triste. Me impongo la alegría constantemente, incluso la gente cercana que me quiere e intenta cuidarme, cuando estoy triste me empujan a “salir y despejarme”, porque parece que estar triste no me hace ningún bien.

Podría haber suavizado mis propias ojeras, podría haberme cepillado el pelo, ponerme algo de rimel, pintar mis labios, pero este autorretrato lo hice para mi, para verme desde fuera, para autodesvelarme mi estado.

Estaba en mi habitación, desnudándome para darme una ducha, me quité la camisa y la agarré contra mi pecho. Estuve un rato absorta en mis pensamientos, es algo que suelo hacer justo antes del baño, un momento en el que me permito tomarme mi tiempo. He tenido la cámara cerca últimamente, lo intento siempre que estoy en momentos en los que me siento vulnerable.

¿Para qué sirve un autorretrato? ¿Tiene que ver con el ego? ¿con cierta inseguridad que se alivia si me veo bonita en las fotos? ¿Por qué no simplemente mirarse en un espejo?

Alina escribió en un post maravilloso titulado Háztelo mirar… por ti misma“A veces no es suficiente mirarse en los espejos, pues estos mienten”. Además de proporcionarnos una imagen que podemos modificar sobre la marcha, ésta desaparece en un instante, es casi como cuando nos hacemos un selfie, y lo borramos directamente porque lo que vemos no nos gusta, demasiadas arrugas, demasiado gorda, demasiado, demasiado,… autoexigencia

Hay varias cosas más que el espejo no tiene y que me parecen imprescindibles, que hacen que prefiera fotografiarme. Por un lado la perpetuidad de la imagen. Yo podría haber eliminado ese autorretrato nada más verlo pero ¿por qué? No lo hice para enseñarlo, lo hice para reconocerme, para dedicarme un ratito a mi, a verme pero de verdad, me gusta hacerlo en momentos de vulnerabilidad.

La imagen del espejo permanece apenas unas décimas de segundo, rápidamente cambiamos el gesto, nos damos la vuelta para vernos de espaldas, arqueamos las cejas, sonreímos. Sin embargo, el gesto de ese instante quedó suspendido en el tiempo a través de este autorretrato que me repetirá cada vez que lo mire que en aquel momento estaba triste y agotada, de hecho puede que hasta se convierta en mi propio icono de la tristeza y el agotamiento.

La otra cosa importante que diferencia al espejo de la cámara es la brecha que existe entre la intención y el efecto, algo que me resulta sorprendente y que me engancha. Es esa dimensión de mi identidad que no suele estar presente, que puede sorprenderme, a la que incluso a veces le he dado la espalda y he seguido caminando. Sí, estoy triste, apenas he tenido tiempo de parar a tomar aliento y poco a poco mis ojos se han ido hundiendo y mis ojeras se pronuncian. Lo pregunto de nuevo ¿por qué iba a borrarlo? Considero esa foto valiosísima porque me da respuestas honestas acerca de mi. ¿Qué sentido tiene negar mi estado de ánimo? ¿qué tiene de malo no estar al cien por cien dándolo todo, siendo la más simpática, la más cool, la que más seguidores tiene en INSTAGRAM y la que cierra siempre los bares? Lo peor de todo es que no sería solo una imagen que borraría, es una parte de mí a la que le estoy dando la espalda, no puedo permitirme estar cansada, ni triste.

Sí, me siento triste, me lo confieso y esta fotografía no solo me parece un buen recuerdo de ese momento, sino que me permite saber que también pasará.

Y honestamente, no me importa en absoluto que mis ojeras no me favorezcan.